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Jessica, una emprendedora sin límites

Ella es una empresaria, que encontró su pasión y ahora tiene un negocio de éxito.

Hoy queremos presentarte a una emprendedora sin límites, que ha logrado sobresalir haciendo lo que más le gusta.
Después de muchas horas, días, semanas y meses de aprendizaje en el oficio, de extensas jornadas para encontrar el perfeccionamiento en moldear y entretejer cada hilo y que cada pieza encajara, llegó la recompensa. La primera venta no solo dejó una sonrisa que irradió su rostro sino que, además de unos cuantos billetes que guardó en los bolsillos, fue el primer paso para lo que hoy puede mostrar con orgullo: una plataforma virtual la cual lucha por consolidar hombro a hombro al lado de su mamá.

El trabajo artesanal con las piedras acrílicas que realiza casi a diario en un lugar especial de la casa en el barrio El Tejar le ha brindado, además, la oportunidad de demostrarle a los demás y a ella misma que las personas con alguna discapacidad pueden superar barreras y como cualquier otra tienen la capacidad de sacar adelante y con éxito un proyecto de vida.

En busca de su pasión

Jessica sin duda es una emprendedora sin límites. Lo intentó primero en la joyería y también en la preparación de alimentos, pero Jessica Adriana Bermúdez, una joven de 24 años, con síndrome de Down, encontró en el arte del trabajo manual de piedras acrílicas y otros accesorios la mejor manera de sacar adelante su iniciativa laboral.

Bajo la supervisión de su mamá y cuidadora, Julia Adriana Rojas, una docente de preescolar, la joven emprendedora ha logrado mostrar su oficio artesanal en el diseño y creación de pulseras, manillas, aretes, anillos y collares, entre una larga lista de accesorios que ya tiene en su inventario.

“En la Fundación, a la cual la llevé primero, le enseñaban a hacer traperos y el trabajo de panadería, pero yo pensaba y creía que mi hija estaba para hacer más, sabía que tenía capacidad para no quedarse en eso solamente”, dice su madre con la sabiduría y el orgullo de haber sacado adelante a su hija mayor y a sus otros dos retoños, Alejandro y Julián.

Pero ese recorrido no ha sido nada fácil. Jessica se inclinó inicialmente por la joyería, el trabajo y la talla de piedras preciosas, pero su baja capacidad visual, al tener miopía, astigmatismo e hipermetropía, afecciones muy comunes en personas con síndrome Down, le impedía esa labor, ya que para ello se requiere de mucha precisión en el manejo de herramientas, como los sopletes, y en el acabado del tejido y el esculpido.

Jessica

El arte de la bisutería

Luego lo intentó en la preparación de alimentos, ya que la gastronomía ha sido otra de sus pasiones, pero al igual que en la joyería, en esa profesión se requiere de mucho cuidado para evitar accidentes caseros. “Tampoco la veía ahí”, advierte su mamá con un guiño de picardía y sorpresa.

Por eso empezaron en la bisutería, en la elaboración de artesanías a partir de accesorios livianos para crear objetos y materiales de adorno. Así lo explica Julia Adriana, quien en ningún momento dudó del alcance real y de la posibilidad de crear una empresa, y todo con el objetivo de buscar una manera de lograr un proyecto de vida para su hija.

“A mí me encanta diseñar esas artesanías. Me esmero por hacer el mejor trabajo porque sé que la persona que lo adquiere, que lo compra, cuando lo luzca, se sentirá muy feliz y eso me motiva para seguir haciendo nuevas creaciones. Sé que no es un camino fácil, pero ya estamos sacando adelante este emprendimiento, gracias a la ayuda y la colaboración de muchas personas”, dice Jessica, quien habla pausado e hilando cada palabra expresada para hacerse entender sin ningún problema.

Su entrada a la bisutería comenzó un día cuando asistió con su mamá a una feria artesanal en San Victorino –centro de Bogotá-, y había un almacén –Ensambles y adornos- que ofrecía una promoción; por la compra de 10 mil pesos otorgaba una hora gratis de artesanía en piedras acrílicas.

Invertimos más de 300 mil pesos y ese fue el punto de partida en 2011, para lo que hoy tenemos para mostrar”, recuerda la docente de niños.

Luego de ese aprendizaje no dejaron de asistir a cuanta feria se organizaba, y así comenzaron las primeras ventas. La constancia fue formando a esta emprendedora sin límites.

El inicio del emprendimiento

Hace dos años, en una convocatoria denominada ‘Emprende con sentido’, de la Secretaría de Integración Social de Bogotá, Jessica y su mamá aplicaron, casi sobre el plazo cumplido para cerrar inscripciones, en la cual participaron más de 700 proyectos.

En una primera cernida, quedaron 330 y luego fueron escogidos los mejores 50 proyectos, de los cuales, el de Jessica era el único liderado por una persona en condición de discapacidad. Al final, ese emprendimiento quedó entre los tres mejores de la ciudad.

“Esto nos dio la oportunidad de asegurar jornadas de capacitación en emprendimiento. También significó poder asistir a las ferias artesanales de la ciudad en las que coincidíamos con familias, con personas discapacitadas y con sus respectivos cuidadores. Incluyó un plan de trabajo de negocios, elaborar un catálogo de ventas y una vitrina comercial para ser más competitivos. Esto, sin duda, nos dio alas”, confiesa Julia Adriana.

Ese apenas fue el primero de otros logros, con los cuales Jessica ha logrado romper las barreras de la inclusión social. También recibió un reconocimiento por pata del Ministerio de Tecnología de la Información y las Comunicaciones –MinTIC—. Fue elegida, con 10 personas más, entre 8 mil beneficiarios de la apuesta ´Comercio Electrónico’.

“Soy empresaria. Hago productos con artesanías. Es una gran experiencia para mí, nos han apoyado nuestra discapacidad y quiero adelantar un proyecto de vida. En la mente, en mi cabecita, pienso que debo hacer más aretes, porque nos trae alegrías y nos da más fuerza y mucha energía”.

Jessica

Avanzando en su camino

Su nueva distinción le permitió a la empresa fomentar alternativas de venta a través de las tecnologías y plataformas virtuales, ya que logró la implementación del equipo, el programa y las aplicaciones, una página web, el análisis de mercadeo digital, entre otros beneficios, que potencializan las ventas y compras por internet.

Jessica, la emprendedora sin límites, junto a su mamá, coinciden en que todavía falta lo más difícil: la consolidación. Y para ello requieren tener una nutrida vitrina de productos para ofrecer y contar con unidades productivas.

«Mi discapacidad no ha sido un límite, al contrario, me ha abierto posibilidades de trabajo, gracias a la creatividad, y claro, de paso me gano un dinero para poder comprar mis cosas. La tienda virtual es una oportunidad que quiero implementar para poder ayudar a otras personas con discapacidad, he sido como la punta de lanza de un enorme grupo de emprendedores y eso me llena de emoción, quiero demostrarle a la sociedad que la discapacidad no es una barrera, nosotros somos los mismos que las ponemos, pero yo no conozco límites», remata la joven emprendedora sin límites.

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