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Conoce a la niña en silla de ruedas que se ha convertido en deportista

Ella es Iraide, y el deporte le salvó la vida.

Iraide es una niña en silla de ruedas de tan solo 11 años, que nos da una gran lección sobre voluntad.
Una torsión de columna cuando era un bebé le produjo un infarto medular que le obliga a utilizar una silla de ruedas, pero a Iraide no se le pone nada por delante. Practica tenis, esquí, atletismo, natación (nada a cuatro estilos), llega hasta los dos minutos en apnea, hace «hand-bike», recientemente ha participado en la «Spartan Race Kids»… y de mayor quiere ser deportista profesional y sobre todo, cirujana cardiovascular. «Porque… ¿con qué operan los cirujanos, con las manos o con los pies?», pregunta, con un aplastante sentido común nada habitual para una niña de 11 años.

¿De dónde saca esta niña ese empuje, esa energía, esa vitalidad, todas esas inquietudes? Mucho tiene que ver la actitud de Marisa y de Moisés, sus padres, ante la adversidad: «A Iraide no se le resiste nada. Pero nosotros como familia somos un equipo, si se cae uno, nos caemos todos. Así que cuando ocurrió todo, decidimos no caernos. Vamos a piñón, todos a una», en un relato siempre abierto a lo bueno que tiene que ofrecer la vida. Su enfoque ha sido siempre el siguiente: «no somos lo que conseguimos, somos lo que superamos», recuerda el progenitor, quien a sus 56 años acaba de sumar a sus estudios de podología el título de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte CAFyD (antiguo INEF), motivado por ayudar lo máximo posible a la joven atleta que tiene en casa.

Los deportes y la competitividad

«Iraide es quien es por el deporte«, aclara su madre. «La rehabilitación es muy dura y poco a poco fuimos sustituyendo este término por el de deporte. Inicialmente y desde muy pequeña empezó con la natación, hasta que a los tres años conocimos a Teresa Silva, que es la directora General de la Fundación También, y gracias a ella empezó a practicar esquí a los tres años», relata Moisés. «Me vio muy inquieta. Cuando probé el mono esquí por primera vez me preguntaban que si me gustaba y yo, pese a los madrugones y al hielo, decía: ¡sí, sí, sí! ¡Qué maravilla esa sensación de velocidad!», el deporte me da la libertad que no encuentro en mi día a día debido a las barreras arquitectónicas”, añade Iraide.

Querer es el primer paso

«Cuando Iraide era pequeña, me decían: «llegará el momento en el que te preguntará Iraide que por qué va en silla de ruedas, y tendrá que ir al psicólogo». Pero ese momento no ha llegado. Es muy difícil que llore por algo», comenta la madre. Cada día demuestra su fortaleza, como cuando fueron las fiestas de su colegio San Agustín de los Negrales, donde instalaron un rockódromo que ella quería escalar. «Abajo gritaban: «¡no puede!»; «¡no puede!» Pero la madre de una amiga mía les respondió: Sí puede. Subí, y toqué la campana», rememora esta niña orgullosa. «O cuando quise participar en una carrera de sacos. Nadie daba un duro. Pero me empeñé, y una profesora me metió con ella en el saco». «O cuando quise jugar a la comba. Al final inventaron un juego para que yo ganara o perdiera en función de si tocaba la cuerda que serpenteaba en el suelo. De estas te podría contar miles. El caso es querer. Y por eso yo trato de transmitirle a la gente que sí se puede, que solo tienes que cambiar la manera de hacer las cosas», concluye Iraide, con sonrisa pícara.

Prejuicios de la sociedad

Los niños, aclara esta pequeña, «no tienen prejuicios, pero a medida que crecen, van apareciendo». «A mí, mis compañeros de colegio siempre me han visto como una niña normal, no como a una niña con silla de ruedas que no puede hacer otras cosas. Quizás sea porque me conocen desde los tres años». Pero se siguen dando situaciones como la que vivió durante su Primera Comunión. «Una señora se me acercó a preguntarme que ¿qué me pasaba? Le respondí que nada, pero automáticamente me miré el traje a ver si me había manchado…». «O en la piscina, cuando me preguntaron que si nadaba con la silla y yo les contesté que si ellos nadaban con zapatos. Esto todavía pasa», reconoce Iraide.

grandes lecciones nos enseña Iraide, la niña en silla de ruedas que no tiene límites para intentar y lograr lo que se propone.

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